Opinión

Adiós Darío…

· Opinión · 3 min de lectura ·
Adiós Darío…

Por. Eduardo Santos Ortega Vergara

Cuando nos corresponde decir adiós, en esas despedidas aciagas, donde el dolor toma forma de amistad, de amor de esposa, de nostalgia de hijos, de fraternidad de hermanos; cuando el dolor se transforma en esperanza y la nostalgia evoca recuerdos, justo ahí entendemos que esos adioses son irreversibles.

Y nos duele decir adiós, tristemente allí, evocamos las palabras, las sonrisas, evocamos los gestos, y se vuelven importantes las conversaciones fortuitas, las palabras dichas desde el corazón.

Esas que se dicen sin planear, las que llevan el sello de la fraternidad genuina.

Y se adentran para anidarse en el centro del alma como un bálsamo sanador de ese dolor de distancia,

Hace unos días, sólo unos días, me  comuniqué con Darío Leguizamo, el amigo.

Indagaba por su salud.

Y me entregó con sus palabras, un catálogo de esperanza, envuelto en ilusiones de vida.

Sabía que todo lo vivido era duro, que se aminoraban sus fuerzas, pero el optimismo estaba en el más alto nivel de confianza y de fe.

Y resulta que analizando la conversación nos damos cuenta que cada palabra va cargada de fuerza, de amor por la vida, de confianza, si de esa confianza en Dios que ya abrigaba el sentir de saberse pleno en su amor bendito.

Apreciado Darío

Cómo vas mi hermano?

Cuéntame de tu vida

Va mi abrazo fraterno y mis deseos para ti, que Dios te bendiga y te brinde salud.

Saludos compa

Días difíciles pero Dios sabe que  puedo cargar esa cruz

Hace ya varios días en Barranquilla llevando a cabo tratamiento de quimioterapia, creo firmemente en la sanación de mi médula y el nuevo plan de vida que Dios tiene para mi.

Estos tratamientos son fuertes y de igual forma hay que preparar nuestro cuerpo, espíritu y mente

Llevará más días, no se cuántos, será en el tiempo de Dios.

¡Gracias por preguntar!

Ya estás trabajando o sigues en cuidados

Yo siempre pregunto por su salud

Y oro a Dios por usted.

Gracias, me dijo.

Sigo en Barranquilla esperando el reinicio de las quimioterapia.

Hermano mío Dios te brinde salud.

Y cerramos ese breve encuentro de elocuencia espiritual, con la ilusión de la vida.

Pero los planes de Dios eran otros, seguro te necesitaba para que le manejaras la biblioteca celestial y te reencontraras con Misar,  para cantar sus salmos; con Kajuma, para no olvidar esa “Mamadera de Gallo” y hablaras de letras con Consuelo.

Será en el tiempo de Dios…  así me lo expresaste y sin duda fue en el tiempo de Dios Dari.

Adiós amigo, buen viaje, dejas un vacío profundo y ese dolor perenne;

a pesar del dolor  tu esencia de ser maravilloso, de profesional intachable, de buen amigo, de buen padre y esposo, de hermano querido; con tu esencia de hombre diligente y sencillamente extraordinario, nos dejas un legado que difícilmente podrá ser superado y olvidado.

Dios te acoja en su regazo y te brinde de su amor bendito e infinito.

Sólo Eso